Ayer conversé con su silencio
El aire crespo subía
por los enramados del tiempo.
Sus ojos palidecían las auroras
El vuelo sonrojaba sus memorias.
Involuntaria y perezosa arrullaba un pajarito azul sobre sus manos
Se soñaba desnuda, corriendo por el paraíso de los nombres
Arrancando verbos, adjetivos obtusos, para decir sólo eso... justo lo que aquí no escribo.
Que ya sin miedo de nombrar lo que no existe, habita.
El pajarito azul le silbaba -le silba- el alma
Y yo, no hacía más que danzar entre sus miedos.
Ella, Alejandra, lo hacía así… sin prisas… desde esta jaula que te nombra…
¿Recuerdas a Alejandra?
Olga lee en voz alta:
en la jaula del tiempo
la dormida mira sus ojos solos
el viento le trae
la tenue respuesta de las hojas
Cierra el libro de Pizarnik. El Árbol de Diana de Alejandra.
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