Engendros de un sueño afónico
De las bolsas de oruga
- deshabitadas -
Caen
En medio del espasmo de muerte.
Deambulan
Frente a las pupilas del misterio.
Cantan.
Surgen de la mano y su línea rota
Transeúntes del garabato y el disimulo
Esparcen blancas decadencias
En el cenit de los anhelos
Exiliados del fulgor y el cromatismo
Encuentran moradas
En la línea en cruz y su renuncia
Atemporales
Se agrupan en montones de doce, ocho, cuatro…
Se golpean
Se persiguen
Se destruyen
Se gestan de nuevo:
Explotan.
Esparcen fragmentos de dudas
Plasmas de escala incierta en el albor de los intentos
En su soledad dibujan el tiempo.
Brotan de las gotas del llanto.
De las sonrisas mordidas
De los amantes en la despedida.
Recorren –zombis-
Lunas de octubre y desvelos
Se pasean por las partituras
De una sonata inconclusa.
Preludian el sueño vacilante de los astros
Son el designio ficticio de la espada
La certeza incolora del mañana.
Se extravían de los ojos
- danzan canciones de cuna -
Cansados regresan poliformes.
Confusos baten sus alas.
Habitan las frases de olvido
El desacorde y la atemporalidad de la muda cantata.
En las noches somnolientas
Clavan helechos en las paredes de la abulia
Adornan las ausencias
Deambulan persistentes en los inventarios de oficina.
En las arrugas del recuerdo.
Son la sombra y su argumento
Lo que ansia morir y no muere.
La anti-memoria
El sonido del intento.
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